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incómodamente enredado
en los recodos de tu plural extremidad.
Golpeado, incluso, con el deslizante
ardor pasional, que despide tu ser,
cascando mi delicada percepción
sumida en un mal posicionamiento
óseo y muscular.
(No hay postura adecuada
para enredar nuestro amor
en los atolladeros
y estrecheces de un sofá.)
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Tu...
Coge mi mano y arrástrame contigo.
Déjame navegar en tu mirada,
hundirme en tu pecho y sentir el palpitar
de tu ansia de querer poseer mi alma...
Toma mi esperanza y modélala delicado,
siempre con un orgullo y anhelo infinito,
siempre repleta de las alegrías que nos brindamos.
Quiéreme con un amor puro,
donde los engaños no tengan cabida,
donde la pasión prevalezca sobre el resto,
donde las miradas se encuentren y,
en un acto desesperado de incredulidad,
parpadeen para creer que lo que ven es cierto...
María.